Comienzos de películas (I)

Para comenzar el blog (si se me permite reducir a prólogo la entrada anterior), no se me ocurre nada mejor (porque no soy muy ocurrente) que hacerlo comentando algo respecto a los comienzos. Me interesa, en particular, mencionar brevemente (en ésta y otras entradas) cuáles son, a mi entender, los comienzos de películas más bellos de la historia del cine, o, para ser honesto, de mi historia como simple espectador.

(Aquí estamos haciendo aquello que da nombre a la categoría en que se inscribe esta entrada. Cinemateando, es decir, sencillamente compartiendo una opinión o una apreciación personal sobre cine, como quien comparte un mate en una ronda de amigos).

Un primer comienzo de película que me conmovió la primera vez que lo vi y tuve que repetirlo incontables veces, siendo hoy uno de mis preferidos, es el correspondiente al film  Svoy sredi chuzhikh, chuzhoy sredi svoikh (Amigo entre mis enemigos, URSS, 1974), del director ruso Nikita Mijalkov.

Conocido también como Asalto al tren blindado (al menos así fue editado en VHS en Argentina), este film narra la historia de un soldado soviético cuya misión y la de sus compañeros es la de custodiar un cargamento de oro que debe ser conducio por tren hacia Moscú. En el recorrido el oro es robado, los soldados asesinados y el único sobreviviente es acusado de traición. Ello llevará al soldado soviético a intentar demostrar su inocencia encontrando a los verdaderos culpables.

Más allá de esta trama que remite en sus situaciones al western americano, el film sitúa la historia en la Rusia revolucionaria, más específicamente en el momento final de la guerra civil, y el asalto al tren supone, por un lado, la presencia aún amenazante de las fuerzas de la contrarrevolución y, por el otro, los peligros de la corrupción y la ambición internas.

Sin embargo, lo más bello de la película es sin dudas su comienzo. Una emotiva secuencia sobre el regreso de los campesinos a sus tierras tras la desmovilización de las tropas del Ejército Rojo hacia el final de la guerra civil, una vez vencido el peligro de los “blancos”. Con música de Eduard Artemiev y letra de N. Konchalovska, esta secuencia es de una bellísima simpleza, y expresa la consecución de un sueño inmemorial de igualdad y fraternidad.

No por falta de historicidad esta secuencia carece de valor artístico, y de hecho su mensaje puede ser leído como la expresión de un sueño aún por realizarse, el sueño de los trabajadores del mundo que luchan por recuperar la libertad.

(Para ver el fragmento con subtítulos en castellano, presionar CC y elegir el idioma).

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