Muestra de pinturas de los alumnos del Serpa. Período 2009-2011 (El Serpa, junio 2011)

Llamativamente, luego de semanas de frío intenso y lluvia de cenizas, el sábado 11 de junio, correspondiente a la inauguración de la muestra de pinturas de los alumnos del Serpa, fue un día lindo y templado. Como si el clima decidiera que el camino para llegar al Serpa estuviera despejado, libre de obstáculos.

Llegué sin haber almorzado ni merendado más que una taza de cappuccino. Eran las ocho de la noche y hacía rato que afuera estaba oscuro. En el recorrido con el bondi 76 creí ver a Martín Karadagián caminando por la avenida Federico Lacroze. Un hecho imposible, claro, considerando que hace veinte años que no zozobra entre los vivos. Pero no por eso dejé de imaginarlo en un ring improvisado con cuatro conos fluorescentes y una cinta perimetral de peligro, luchando contra la momia negra, que se camuflaba bajo la noche.

Cuando entré al Serpa, fui transitando un recorrido que me recordó al juego de “une los puntos”. Cada punto era esta vez un miembro del grupo Persistencia que me recibía y me saludaba. Nicolás Guardiola en el umbral de la sala de exhibición, el Cholo Gutiérrez en el atelier del fondo, Matuco Cosentino en el patio donde el punto final parecía ser un vaso a punto de ser servido. Sin embargo, el vaso era tan sólo otro punto, que una vez lleno me recargaba para continuar el recorrido y seguir uniendo los puntos para descifrar alguna figura.

Foto tomada por Nicolás Mendoza

Como parte de este continuo itinerario, me dispuse a pasear por la galería y a observar las obras expuestas.

Se trataba, como señalé antes, de la muestra de los alumnos del Serpa. Es decir, de aquellos que articulan sus inquietudes con las de sus maestros y que construyen un intercambio que tiene más de simetría de lo que ciertas convenciones sociales nos hacen creer. Como rezaba en la columna de las palabras situada en el centro de la pared mayor de la sala: “Todos somos potenciales maestros y aprendices a la vez. ¿Acaso alguien se siente de un solo lado?” Es una línea del texto escrito por el grupo Persistencia para describir la jornada, y resume de manera clara y directa de qué se trata en definitiva todo esto.

Así pues, chocándome por momentos con otras personas tan ávidas como yo de apreciar lo que se comunicaba en las paredes, recorrí dos, tres, cuatro veces la sala, atento a cada obra, casi diría a cada pincelada. Me sorprendió, como cada vez que veo este tipo de muestra, lo que se puede lograr con unas pinceladas de óleo o acrílico sobre un soporte tan elemental y sin embargo tan esencial como la tela.

Foto tomada por Nicolás Mendoza

Veía relatos, narraciones que se intercalaban con otras historias, como si estuviera leyendo la Rayuela de Cortázar, pasando de página, a veces haciendo caso al autor –en este caso, al orden de exhibición– y a veces siguiendo mi propio instinto. Recordaba aquello de una línea que se continuaba, no en la línea siguiente, sino en la que le seguía a ésta, y así cada línea impar construía una coherencia y cada línea par otra distinta. Y sin embargo, ambas coherencias dependían del sentido estético de la mezcla. Así veía a la mujer que a veces reposaba, a veces espiaba, a veces dejaba remojar su cabellera, siempre junto al árbol que quizás le daba la vida. Y a esa mujer la veía ahora separada, ahora unida, ahora transformada. En un cambio fugaz de mirada, se me confundía esa mujer con otra que nadaba, y de pronto el árbol que quizás le daba la vida era yunta con los tres pinos de la casa que alguna vez, quizás, tuvo diez.

En un alto del recorrido, mientras iba a recargarme de energía y me lo cruzaba una y otra vez a Matuco, el Cholo puso un vinilo de Pescado Rabioso. Al tiempo que me entregaba una edición especial del Hiperión de Hölderlin, con su propio homenaje a Miguelito Abuelo como tapa, crujían las paredes al ritmo de Post-crucifixión. Cuando creía que mi diseño de “une los puntos” ya estaba terminado, otros dos miembros del grupo Persistencia, Juan Manuel Barrientos y Nicolás Mendoza, aparecieron en la sala de exhibición. No pasó un minuto que Nicolás desapareció por el lado del atelier y volvió a aparecer con su cámara de fotos dispuesto a registrar lo que acontecía en la muestra.

En otro de mis tantos recorridos, me llamó particularmente la atención una composición realizada enteramente en tonos de marrón. Su nombre tan significativo, “Lo que no ve”, me dejó pensando, no sólo por la genialidad de lo que me parecía estar viendo y por el sentido intrínseco del concepto. Sino porque si hay una pregunta en todo esto del arte y lo que se entiende por realidad es: ¿qué es lo que no se ve? En definitiva, ¿el arte no hace ver lo que no se ve? Porque uno ve en la obra lo que en realidad no está ahí, ¿o sí está? Creo que en ese momento me había pasado de recarga.

Con Juan Manuel hablamos sobre el arte como un oficio. Como un trabajo, decía él, equiparable al de un panadero o una persona que hace origami, que le dedica años de su vida a un trabajo que aprende a hacer a la perfección y con su propio sello. Nosotros podríamos mezclar cemento y arena del mismo modo que mezclamos pinturas –me decía–. Una cosa no es superior a la otra. No hay tal cosa como una superioridad del arte porque todo nace de las manos del hombre y de la mujer.

Foto tomada por Nicolás Mendoza

Con el Cholo hablamos sobre esto de pintar. ¿Cómo puede ser –le decía yo– que con unos trazos y a veces con un solo color se logre transmitir tanto? Y así hablamos sobre la técnica y sobre la libertad nacida de la emoción. Pero también sobre el lenguaje. Coincidimos en que el mejor modo de romper las estructuras es teniendo primero conocimiento de ellas. Y que estrellar un plato contra una pared para hacerlo pedazos no es arte, por más que quien lo haga se reconozca como un artista de renombre. Para probarlo, el Cholo estrelló un vaso de vidrio contra el suelo. Se hizo diez mil pedazos. Y nadie en la sala elevó el menor comentario sobre la genialidad artística que acababa de tener lugar en el Serpa. Fue algo que llamó la atención, eso sí, pero el arte no es una señal de “Stop”.

Lo que vi en el Serpa este sábado fueron mensajes directos. Sin extravagancias ni exploraciones rimbombantes. Diálogos, casi diría. Situaciones como recuerdos de la vida de uno –o de otro, lo mismo da–. Un malabarista ansioso por demostrar su arte, un río de origen incierto, una mariposa hablando a una joven china sobre la belleza, una barra donde se debatían los ideales de los trabajadores, una bailarina exhibiendo con timidez sus nada tímidos pechos. Cada descripción esconde mil y una emociones, o a veces una sola emoción que uno aspira a descubrir o a imaginar.

Ésa es la obra de siete jóvenes artistas que trabajan en el Serpa, discípulos del grupo Persistencia pero, por sobre todo, discípulos del arte. Presos de la necesidad de comunicarse mediante la expresión visual, condena compartida por sus maestros. Que son, a la vez, maestros y discípulos. Discípulos y maestros. Porque, como leí en la columna del Serpa, “si no se puede enseñar a sentir tampoco se puede enseñar a pintar”.

Se puede enseñar un lenguaje, pero ése es el límite. La transformación es el horizonte.

Miembros y amigos del Serpa. Foto tomada por Nicolás Mendoza

Me fui temprano. A las nueve y media ya estaba sobre el bondi 76 de regreso al barrio del Polaco Goyeneche. Viajaba entre autos cubiertos de capas de ceniza volcánica que dejaban la impresión de estar transitando por un pueblo fantasma. Pensé en el “une los puntos” de mi itinerario por el Serpa y no pude imaginar qué diseño se habría formado. Pero sí supe conectar la jornada del Serpa con unas líneas que hacía rato me habían dejado pensando. Conexión que se me presentó como un epílogo que alguien más me había cantado al oído.

Mienten los padres que intentan hijos a medida.
Torpe el hijo que reniega lo que hubo detrás.


MUESTRA DE PINTURAS DE LOS ALUMNOS DEL SERPA

PERÍODO 2009-2011
Exponen: Federico Castresana, Gonzalo Linares, Carolina Leiva, Mariano Perarnau, Julia Rodríguez, Ángela Timón, Gimena Varela
Sábado 11 al jueves 16 de junio de 2011
EL SERPA espacio de arte – Julián Álvarez 425
Entrada libre y gratuita

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3 respuestas a Muestra de pinturas de los alumnos del Serpa. Período 2009-2011 (El Serpa, junio 2011)

  1. gonzalo dijo:

    genial!

  2. Pingback: Inicios. Muestra colectiva de pintura: Pamela Hoffmann, Gonzalo Linares, Jimena Varela | Cosas que le quiero contar a mi novia pero como no le interesan las pongo acá

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