Pintura porque sí. Barrientos / Guardiola (El Serpa, octubre 2011)

Nueva jornada en el Serpa. Nuevo festival de los colores. Un extraño viernes 14 de octubre, fecha del cumpleaños de un amigo que hace honor al número, pero también día de inhabitables sensaciones. Momento ideal para buscar en el Serpa, no respuestas, pero sí nuevos modos de formular las preguntas.

Con un agradable clima primaveral, remerita de manga corta pero pulóver en el bolso para cuando se hiciera más tarde, caminé hacia la nueva sede del Serpa en Palermo. Ésta era la segunda muestra que se inauguraba en las nuevas instalaciones de este espacio-tiempo de arte. Y un entusiasmo adicional nacía de saber que se trataba de la obra de dos de los cofundadores del Serpa y del grupo Persistencia, Juan Manuel Barrientos y Nicolás Guardiola.

Se abre la puerta, entra el que escribe y se dibuja ante sus ojos un mundo que por cotidiano y onírico se adivina inquietante. En definitiva, si nada hay más perturbador que un espejo, es la identificación que uno puede intuir entre la obra y uno mismo (su entorno, su vida, sus sueños o capacidad de imaginar, sus deseos, sus temores) lo que más lo ata a la contemplación, lo que más hondo puede calar en sus emociones.

A mi izquierda, sobre la pared lateral, unos retazos de expresiones de una o varias (o varias en una) ideas flotaban desestructurando el sentido lineal que de otro modo podía haber tenido la muestra. Fragmentos de una idea que Juan había cocinado en su horno de óleo y trementina mientras procuraba deshacerse del concepto y someterse a la fascinación de la imagen nacida del puro sentimiento. “Me acerco a una piedra y la miro sin pensarla. La toco sin nombrarla. La toco y nada más”, arrullaba en mi cabeza Miguel Abuelo como si dialogara con las pinturas de Juan.

A su lado una agobiante escena en rojos de Nico Guardiola que por realista en su sentido desconcertaba a quien está familiarizado con los paisajes y situaciones oníricos y metafísicos del artista. Lo más desconcertante, sin embargo, era pensar que esa escena de un hombre dando un simple empujón a un joven para que echara a andar en su bicicleta, podía ser tan onírica y metafísica como el perro gigante que se hundía en el lodo en la pintura de al lado.

En la pared lateral derecha seguían desfilando las obras de ambos artistas, del mismo modo que en la sala contigua hacia el fondo. Los óleos de Barrientos, como pinceladas impresionistas a base de azules, celestes, ocres y algún que otro verde o rojo oscuro, denotaban un intento desesperado por desfigurar el mundo de los objetos y transfigurarlo con un sentido visualmente nuevo. Qué es la pintura sino exactamente eso, podría resumirse de sus palabras pronunciadas en una charla que tuvimos en medio de los asistentes.

Llamativamente, esas piezas misteriosas que tan claramente se diferenciaban del estilo que destilaban los cuadros más explícitos de Nico Guardiola, no dejaban de parecer conectadas con la obra de éste. Entre sapos gigantes, pantanos y bosques mágicos, escenarios de la antigüedad clásica y edificaciones difusas como tapadas por la niebla, una obra en particular de Guardiola parecía romper con los relatos o situaciones del mundo metafísico y de los colores marcados, hundiendo a su personaje en una vegetación espesa cargada de sombras. La Dama en la espesura de Guardiola esperaba justo debajo de aquel joven personaje de Barrientos que en similar oscuridad suplicaba Avanza hacia mí. La dama sin embargo no avanzaba, y el joven personaje seguía esperándola, comprendiendo quizás que ése era el destino que le había reservado la mano del demiurgo. Acaso el pequeño que reposaba en la pared contigua y que materializaba el preludio de un beso, no era otra cosa que ese sueño cuyo horizonte era la meta inalcanzable pero a la vez la razón de la existencia del joven que esperaba.

La noche avanzó para mí contemplando las obras, visitando el taller en el primer piso, compartiendo enriquecedoras conversaciones con los miembros del grupo Persistencia, con sus alumnos y con algunos de los muchos asistentes que disfrutaban de la muestra tanto como yo. Gonzalo Linares, alumno de Guardiola, me contaba el origen casi azaroso del nombre de su obra Una casa con tres pinos que yo había podido apreciar en una muestra anterior; Juan Klappenbach, saxo de Vivant Quartet, me hablaba de su experiencia tocando vientos en la legendaria Antigua Jazz Band; un loco muy simpático me contaba sus hazañas transformando el agua en cerveza y el vino en fernet (ambos los cuales elevaba orgulloso con cada una de sus manos); mi amigo el Cholo Gutiérrez me hablaba de sus cambios en la forma de pintar a lo largo del tiempo, del último disco del Chango Spasiuk y del nuevo disco de Galactic que le había hecho escuchar a mitad de semana; el Peri Perarnau y Matuco Cosentino solían aparecer de la nada y contagiaban el uno simpatía y el otro melancólica sensibilidad. A todo esto, Pichuqui Mendoza afrontaba el desafío de fotografiar a aquella cuya belleza no debía ser reproducida, y de paso tomaba magistral registro de la muestra y de sus visitantes.

Alrededor de las 23 hs., empezó el concierto de Vivant Quartet, interpretando movimientos de jazz de composición propia (como aquel hermoso Recreo y el primaveral Sombrero con frutas) y adaptados de grandes compositores como Henry Mancini (y la pantera rosa del Serpa que lo escuchaba con afecto desde un costado de la escalera del fondo), Charlie Parker y Duke Ellington. El arte del primer disco de esta banda de extraterrestres venidos de un planeta en que los niños nacen con el jazz en las venas, fue realizado por el Peri Perarnau, actual miembro del Serpa, dato que se ocupó de compartir el portavoz del grupo, Juan Klappenbach. Como en todo gran conjunto de jazz, el juego de las miradas entre los músicos durante las interpretaciones daba un espectáculo visual que humanizaba el impecable sonido de esos cuatro instrumentos (piano, saxo, contrabajo y batería) que funcionaban como un verdadero colectivo.

En el break de diez minutos entre la primera y la segunda partes del concierto, mientras la gente descansaba sus patitas de tanto movimiento, se hizo el sorteo de obras de artistas del Serpa. La próxima debería evitar mencionarlo para no seguir dando lástima, pero la cosa es que todos felicitamos con nuestras palmas a los que sí tuvieron la suerte de llevarse pequeñas-grandes obras de arte a sus casas.

En una charla con Guardiola, él me citaba a Doisneau con aquello de que “Describir es matar, sugerir es crear”, mientras me hablaba de cómo procuraba abstraerse del sentido de aquello que pintaba mientras lo pintaba, para ocuparse de interpretarlo a posteriori. En tal sentido, el artista genera un lazo más fuerte con el espectador, porque se pone él mismo en el rol de espectador/intérprete antes que en el de conocedor o iniciado. Cuando reinició el concierto y el loco simpático del agua convertida en cerveza se cruzaba de un extremo al otro de la sala con una sonrisa de oreja a oreja, relacioné lo que me acababa de decir Guardiola con lo que había hablado anteriormente con Barrientos. Si yo había notado una coherencia en la muestra, incluso entre la obra tan distinta de los dos artistas expositores, creí desentrañar en ese momento de qué se trataba. Había un cierto punto de partida en común. Quizás no en términos absolutos, pero sí en un tipo de enfoque. Pintar lo que uno siente. Puede o no haber relato. Puede o no haber un nombre. Lo que nace en la paleta y crece en el pincel es lo que llega a la tela. El impulso emocional que libera o escupe lo que uno tiene dentro.

Entiendo que los artistas del Serpa, y en particular Nicolás Guardiola y Juan Manuel Barrientos, cantan pinturas como el Flaco Spinetta pinta canciones. Y el final de la jornada, caminando desde el Serpa hasta la parada del bondi con el pulóver puesto para no tiritar, me encontró cantando bajito:

Si no canto lo que siento
me voy a morir por dentro
he de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque sólo quede tiempo en mi lugar.

PINTURA PORQUE SÍ
Barrientos / Guardiola
Desde el viernes 14 de octubre
La muestra permanecerá en exhibición durante dos semanas
EL SERPA espacio de arte – Pringles 1488
Palermo
Entrada libre y gratuita

El Serpa: blog y facebook
Nicolás Guardiola: blog
Juan Manuel Barrientos:
blog
Vivant Quartet: sitio web

*Todas las fotografías reproducidas en esta entrada fueron tomadas por Nicolás Mendoza la noche de la inauguración.

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9 respuestas a Pintura porque sí. Barrientos / Guardiola (El Serpa, octubre 2011)

  1. gonzalo dijo:

    muy buena cronica, como siempre!

  2. ana-laura dijo:

    Tu escritura recrea, y cada párrafo sugiere un aroma. Eso es mágia.

    • avgvstog dijo:

      Gracias, Anita. Coincido en que ahí hay una especie poderosa de magia, con y sin tilde.
      Gracias por dejarme siempre tus comentarios. Me alegra mucho que hayas leído esta nueva crónica.
      Salut!

  3. Mariano dijo:

    Muy buena cronica!!! abrazo augusto!

  4. susana dijo:

    Siempre espero tus crónicas, Rotten. ¡Una gloria!
    Abrazo (salú)

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