Comic Stadium (Villa Martelli, noviembre 2011)

A las 11 de la mañana sonó el despertador. Era el domingo 20 de noviembre. Me invadía un dolor de cabeza cervezal remanente de la fiesta del casamiento de mi viejo amigo Lito que había concluido hacía apenas unas horas. Me levanté. Alrededor de la una de la tarde llegaría mi querida amiga Lili, tocaría el timbre de mi casa saavedrina luego de un largo viaje desde Ezpeleta. Luego de dos buscapinas y un ibupirac, el dolor de cabeza comenzaría a amainar.

Improvisados sanguchitos de salame y queso y jugo de naranja artificial y el momento de partir caminando hacia el Comic Stadium, en Villa Martelli, a no más de quince cuadras de mi casa.

Luego de la tormenta de la noche anterior, el mediodía del domingo se presentaba por momentos agradable y por momentos caluroso (pesado, como quien dice), el sol asomando de a ratos sus mechas y las nubes recortando en repentinas avanzadas las melenas, anunciando una venidera lluvia.

Caminamos desde el barrio del Polaco por la avenida del Tejar, y luego por Estados Unidos en Villa Martelli para llegar al club Laprida, en la avenida homóloga.

Entramos en el club y nos sentimos como en uno de esos gigantescos hangares de los Expedientes X que guardaban información clasificada sobre vida extraterrestre o fenómenos paranormales. Allí, los extraterrestres eran los geniales historietistas y los paranormales éramos nosotros, los admiradores. La información que se compartía en ese club-hangar no era clasificada sino que pedía a gritos ser compartida. Era la obra de autores locales de gran talento e insuperable pasión por su propio trabajo y el de sus colegas.

Foto tomada por Lili Endo

El espacio del estadio del club dispuesto para la jornada se lo repartían las hileras de mesas armadas con tablones de madera que ocupaban el centro y uno de los laterales del lugar y que estaban ocupados por los materiales gráficos en venta (fanzines, cómics, libros, remeras, pósters, tarjetas) y custodiados por sus respectivos vendedores-autores-editores, una exposición de obras y fragmentos de cómics y viñetas de diversos de los autores invitados o referenciados exhibida en la pared del lateral opuesto, una muestra de los artistas plásticos independientes de Villa Martelli junto a la entrada y al pequeño stand de la juguetería del barrio, un kiosco anónimo que vendía naranjú y otros tantos productos de ayer y hoy en el otro extremo de la entrada, y al fondo del estadio una tarima enfrentada a varias filas de sillas desde la cual el presentador (de vieja escuela) de la jornada anunciaba los distintos eventos, agradecía sistemáticamente a las entidades participantes y presentaba a los autores que a lo largo de la tarde darían sus interesantísimas charlas para el público allí reunido.

Así inmersos en aquel espacio de cómics, Lili con su musculosa veraniega de tonos verdes y turquesas y yo con una remera color crema y un pantalón de jean, deliberamos sobre qué hacer primero. Por mayoría directa se resolvió comenzar por mirar las exposiciones de obras de los artistas de Villa Martelli y de los historietistas invitados por Comic Stadium. Lo hicimos mientras veíamos que un grupo importante de chicos participaba de un taller de dibujo organizado por Aprender Juntos, apretados todos ellos y algunas de sus madres alrededor de una mesa de tablón plagada de hojas de papel, lápices y crayones de colores.

Foto tomada del facebook de José Massaroli

En la exposición vimos las impresionantes pinturas de Gustavo Jofré, las tapas del Dorrego y el Moreira y viñetas de otras obras de José Massaroli, los geniales zombie-retratos de El Gory, alguna escena con atmósfera chandleriana ufológica nacida de la impecable pluma de Pablo Ontivero, fragmentos de los oscuros relatos de Gala, un hermoso Eternauta de Scripto, escenas del Igholner y del cautivante Ángel de Acero de Fabián García, las contundentes ilustraciones de Gabo Molina, una muy bella interpretación del Mago de Oz de Gisela Arredes, entre otras maravillas del mundo del cómic y la ilustración.

A poco de ver la muestra, nos vino a saludar con cálida amabilidad, como si nos conociera de toda la vida, el historietista Gabo Molina, organizador del evento, quien durante toda la jornada se ocupó de hacernos sentir más que cómodos al tiempo que se encargaba de que ningún aspecto de la organización quedara descuidado, respaldado en su tarea por un gran equipo de trabajo.

Foto tomada por Lili Endo

La siguiente etapa fue pasear por las mesas con material gráfico en exposición y venta. Allí estuvimos en la mesa de La Duendes, donde hablamos con José Massaroli sobre la importancia de emplear la historieta para narrar acontecimientos y situaciones históricos vinculados con las inquietudes locales de los lectores, y saludamos a Mariano Antonelli, autor de A través de los Andes, obra que parece recuperar ese mismo espíritu de que nos hablaba Massaroli. Allí también tuvimos ocasión de reírnos leyendo el Alter Ego de Taro y de sorprendernos de los diferentes estilos gráficos y narrativos empleados por Antonelli y Santiago Farías en las Mitológicas.

En la mesa de Ediciones Impulso nos esperaba un grato encuentro, al poder conocer al autor que tantas veces nos hizo reflexionar y reír incesantemente, El Bruno. Allí estaba, tal como lo imaginábamos a través de sus tiras: un muchacho delgado y desgarbado, más cercano a los personajes de George Romero que al común de los ciudadanos “de bien”. Por un momento nos abrió las puertas a su mundo de nenas alcohólicas y figuras de terror, con una sonrisa de eterno adolescente, regalando talento y posando gentilmente ante la cámara indiscreta. Pero él no era el único. En esa mesa rebosante de talento se hallaban las obras de Fabián García, un escaparate de colores y personajes diversos, donde tenues hadas reposaban junto a poderosos guerreros.

Foto tomada del blog de Ediciones Impulso

Luego de tan agradable encuentro, descansamos un rato en sendas sillas del sector dispuesto para las charlas con los artistas, donde merendamos con gaseosa y un alfajor triple de dulce de leche. Antes habíamos visitado la mesa de Ediciones Noviembre, en la cual posteriormente compramos el ultrairónico Capitán K de Orpianesi, De Luca y Vera, y paseamos por el resto de las mesas, como la de Lea Caballero y su Yo Nen, la de Max King y su Max King Cómics y la de los chicos del fanzine Leo lo que me tiran.

Mientras continuaban los talleres de dibujo y de otras artes plásticas, en la pequeña tarima ubicada al fondo del estadio tuvo lugar la primera charla de la tarde: Clemente Montag y El Bruno, moderados (porque realmente necesitan moderación…) por Gabo Molina. Con Lili nos acomodamos en la segunda fila de sillas frente a la tarima. Delante nuestro estaba el representante del club Laprida, quien tenía un llamativo parecido con Mr. Viñeta de Mr. Exes; a nuestra derecha unos niños muy compenetrados con la charla y a nuestra izquierda una pequeña muy entusiasmada y fanática de la Escuela de Monstruos que El Bruno publica en la revista Billiken. Detrás nuestro, varios concurrentes e invitados.

Foto tomada por Lili Endo

En esta enriquecedora charla, Montag, vestido con su look cocodrilo dundee meets indiana jones (camisa militar verde, sombrero jipijapa –suena pornográfico, la verdad–, aros como señuelos de caña de pescar profesional, cadenita y collar al cuello, pantalones de jean, anteojos negros part time y el habano siempre listo), explicó entre otras cosas y con su tan particular y divertido modo de hablar, el origen de su obra Los pitruchos, mientras El Bruno hablaba de su Escuela de Monstruos y luego disertaba (palabra fuerte para hablar del autor de Humor etílico) sobre las diferencias en las demandas de los jóvenes lectores de hoy respecto de los de otros tiempos, destacando aquello de lo que siempre hablábamos con mi amigo docente y escritor Juan Pedro McLoughlin: jamás subestimar a los chicos.

La charla incluyó también una comparación de los diferentes modos de trabajar de ambos autores, Montag más apegado a la vieja escuela del rough y los varios pasos previos y El Bruno más espontáneo y directo.

Luego de esta primera charla fuimos a la otra punta del estadio donde uno de los profesores de la Asociación de Artistas Plásticos Independientes de Villa Martelli estaba haciendo retratos de aquellos que querían posar durante no más de cinco minutos y llevarse a sus casas un excelente reflejo de sí mismos. Lili no se lo iba a perder. Y sumó otro trofeo de aquella jornada, registro fotográfico mediante.

Foto tomada del blog de Ediciones Impulso

Durante la tarde, hubo otras charlas con historietistas y se debatió sobre la existencia o no de un don o talento para el dibujo, y sobre la relación entre predisposición y aprendizaje de la técnica (el que quiera conocer la respuesta deberá asistir al próximo Comic Stadium). Mientras tanto, yo me comía mi segundo alfajor triple de dulce de leche.

Antes de que se preparara la banda que iba a cerrar la jornada, se realizó la presentación de cosplay (término que aprendí hace relativamente poco), encabezada por la cosplayer Carolina López (haciendo las veces de una sexy Superchica). Finalizada esta fase del evento, se anunció la realización de un nuevo encuentro de Comic Stadium en el futuro, noticia muy bien recibida por parte de los asistentes.

Foto tomada por Lili Endo

Ya habíamos estado varias horas recorriendo Comic Stadium y nuestra sanidad física y mental pedía a gritos el regreso a la “normalidad” del mundo exterior. Acaso para no terminar encerrados en una tira de El Bruno pidiendo cerebros.

Saludamos a Gabo y nos retiramos del club, altamente satisfechos por lo que fue una tarde memorable. Ansiosos de que se repitiera.

Caminamos por las callecitas de Villa Martelli de regreso al barrio del Polaco. Cuando arribamos a avenida del Tejar, el Polaco me cantó desde el cartel gigante de bienvenida: “Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. Cuándo, cuándo, si siempre estoy llegando”.

“Así es, Polaco”, le contesté.

Pero volví de un lugar donde me trataron (nos trataron) como si fuéramos del barrio. De un barrio de amigos y camaradas. Comic Stadium como un barrio al que uno, inevitablemente, quiere volver. Estaremos esperando el momento en que esa puerta se vuelva a abrir.

COMIC STADIUM
Domingo 20 de noviembre de 2011
Club Atlético Laprida – Laprida 4040
Villa Martelli – Vicente López – Buenos Aires

*Parrafista invitada: Lili Endo

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2 respuestas a Comic Stadium (Villa Martelli, noviembre 2011)

  1. El Bruno dijo:

    buenisimo, chicos. gracias por semejante evento y por sus hermosas palabras. abrazo enorme y cuenten conmigo para lo que necesiten!!!

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