6 años de Persistencia. Muestra de pinturas 2006-2012 (El Serpa, abril 2012)

Hace seis años nació el grupo Persistencia. Artistas jóvenes con el interés de expresar y comunicar su arte.

Recuerdo aquella tarde en que con unos amigos fuimos al primer espacio habitado por el grupo, el primer Serpa, ubicado en lo alto de un edifico que había sido originalmente una fábrica, en Parque Patricios. Allí me encontré con mi amigo Leandro el Cholo Gutiérrez. Pero también conocí, aunque fugazmente, a los otros artistas del grupo.

Cuando el Serpa se mudó a Villa Crespo, solía visitar, solo o acompañado, aquella casa que estaba siendo transformada en espacio de arte en plena intersección de Julián Álvarez y Corrientes. Solo, con mis amigos de la revista Mermelada, con quien fuera mi compañera de años; mis visitas al espacio artístico en construcción me generaban la impresión de que el mezclar y el pintar, como diría tiempo más tarde un serpiano, eran tanto el arte sobre un lienzo como el oficio sobre unas paredes o un techo. Precisamente porque el arte de pintar  sobre un lienzo no deja de ser un oficio.

Allí empecé a entablar un diálogo con los otros serpianos: Nico Guardiola, Matías Matuco Cosentino, Juan Manuel Barrientos y el fotógrafo del grupo, Nicolás Pichuqui Mendoza. Algunos días llegaba a las seis o siete de la tarde, y veía cómo cada serpiano que llegaba del trabajo o de su vida cotidiana, apenas saludaba y ya se dirigía a alguna de las habitaciones del Serpa, agarraba una brocha o un rodillo, acomodaba el tarro de pintura, y se ponía a trabajar sobre las paredes, a nivel del suelo o subiéndose a una escalera. Luego de una labor de horas, llegaba el momento del descanso, y así compartían con uno una cerveza, un fernet o una gaseosa en una mesa que se asemejaba a la última cena pero sin Cristo. Siempre llegaba algún otro amigo o amiga del grupo para enriquecer la mesa. Y ahí se charlaba sobre lo más diverso. En ocasiones, ya fuera en la habitación central que conectaba con la calle mediante un gigantesco y hermoso ventanal, o bien en el patiecito descubierto del fondo, aparecían las guitarras y se armaba un improvisado intercambio de acordes y voces. Fue la época en que la revista Mermelada que hacíamos con mis amigos Willier y Leo Gamietea, incluyó en sus páginas reproducciones de obras del Cholo y de Nico Guardiola, que tanto me fascinaban ya en aquel entonces.

Cuando se inauguró esta segunda sede del Serpa, se materializó el deseo del grupo Persistencia de habilitar un espacio que supliera la falta de lugares de arte que permitieran la exhibición de obras de artistas no consagrados sin cobrar aranceles exorbitantes. El Serpa se convirtió en galería y taller, espacio de creación, de clases (de dibujo y pintura) y de exhibición de obras propias y de otros artistas, aquellos que deambulan por fuera del circuito elitista y dominante. Como explicitan los serpianos: “Un lugar donde comenzar el cambio”.

En la época de la inauguración, fui a un par de eventos organizados por el grupo Persistencia. Recuerdo haber visto obras magníficas musicalizadas a su vez por bandas under amigas. Una noche, en que me había cruzado después de mil años con el Negro César (actual voz de Los Perdedores punk rock), sonó Pájaro Rojo y luego, habiéndose cortado la luz, una sesión improvisadamente acústica de Ofuia (guitarras, violín, violonchelo, bandoneón y percusión), en plena oscuridad y con una magia indecible. Así también asistí a otras muestras del grupo que hoy vivo como el antecedente de mi sistemática recurrencia serpiana, que nació en mayo del pasado año 2011 cuando con dos amistades de esas que conforman con uno una trilogía, al ritmo de T-Rex o de Kenji Endo, nos introdujimos en el profundo universo del Serpa, acudiendo desde entonces a sus muestras con una regularidad nacida del más sencillo y primitivo deseo de experimentar la expresión de otros y a la vez expresarnos nosotros mismos, de comunicar y de ser interpelados, de compartir, de reivindicar el sentir y de creer en el cambio. Así fui sintiéndome cada vez más parte del Serpa, y así me lo hicieron sentir mis hoy amigos serpianos.

Seis años después del origen del grupo Persistencia, y desde hace unos meses en su nueva sede en Palermo, en la calle Pringles 1488, el Serpa inauguró la primera muestra del año 2012 con un recorrido emotivo por la obra de los cuatro artistas fundadores del grupo, desde sus comienzos hasta la actualidad.

Antes de partir hacia Palermo, con mi amiga Lili nos encontramos en la fotocopiadora El Arca, enfrente de la facu de filosofía y letras en la calle Puán, para brindar con vino y cerveza con los amigos Diego, Dani y Pablo, fieles compañeros de los estudiantes y de los graduados que no hacen diferencias de falsa jerarquía. Tras picar unas papitas fritas de esas que vienen en bolsas infladas gigantes y traen menos de la mitad del contenido que aparentan, nos tomamos el 55 en Rivadavia y bajamos en Serrano y Córdoba. De allí fuimos caminando hasta Pringles y Gorriti. Eran las diez ya algo pasadas de una noche algo nublada y calurosa. Llegamos a la puerta y nos dispusimos a entrar sin apenas pensarlo. Y así, tras el umbral, la muestra.

En las paredes del nuevo espacio del Serpa se concentraban los seis años del grupo Persistencia y los tres lugares que cobijaron y dieron origen a sus obras. Como una trinidad cristiana, el Serpa era uno y tres a la vez. Como la trilogía 20th Century Boys de Yukihiko Tsutsumi, como los tres discos del Biograph de Bob Dylan. Imposible ser inmune a la emoción, a las risas y a la melancolía que partía de las obras y se flechaba en la piel.

Las dos salas de exhibición de la planta baja contenían, dispuestas de forma alternada, obras de los cuatro pintores del grupo realizadas entre los años 2006 y 2012. Las más nuevas compartían pared con las más viejas, demostrando que precisamente este concepto de viejo-nuevo no aplicaba. Casi como sostenía Egon Schiele citado por los serpianos: “el arte no es moderno es eterno”. Del mismo modo, el arte no puede ser viejo ni nuevo.

Paisajes oníricos de Nico Guardiola, ayer como hoy inquietando mi sentido de la realidad. Figuras claras, directas, en colores encendidos, de universos totalmente irreconocibles. Pinceladas punk-rocker de Matías Cosentino, con texturas abrasivas, como un grito de cansada adolescencia. La oscuridad iluminándose, poco a poco, en la obra de Leandro Gutiérrez, desde las tinieblas profundas hasta la naturaleza verde y lila, con árboles y palomas celebrando el día a día. Las formas amorfas de Juan Manuel Barrientos, nacidas de completas exploraciones de situaciones emuladas con una maestría incuestionable, que en los últimos tiempos estallaron como astillas de un árbol hachado y devinieron fragmentos, donde lo sugerente fue reemplazando a lo obvio, manteniéndose esa especie de fuerza impresionista en las pinceladas.

Había allí, en la obra de cada autor, un recorrido; se notaba una variación, un crecimiento, un andar. Pero había también una personalidad, un arte continuo, un constante regreso a la niñez, al interior.

Y ese regreso, esa variación sobre la pieza original que retrotraía al primer demo, me tenía como partícipe desde mis propias emociones y desde mi propio modo de vivir la muestra.

Tantas cosas habían pasado, ya no desde aquel año 2006 que vio nacer al grupo Persistencia, sino desde la última muestra del Serpa en diciembre de 2011. Atrás quedaron viejas pesadumbres, relevadas por otras nuevas. Se nos fue el Flaco, homenajeado aquella noche, como lo había sido otras tantas, con pinturas dedicadas, con un vinilo de Pescado que sonaba en el atelier y con un mp3 de Pelusón of milk que envolvía las salas de exhibición.

En una jornada de indagaciones biográficas, me vi a mí mismo explorándome por dentro, apreciando el arte con atención y dejándome llevar por la fragilidad y las lágrimas entre música de Vox Dei y palabras con amigos, alternando la conversación presente con el recuerdo íntimo, la ilusión con la melancolía. Unas copas de vino y una botella de auxilio comprada en un almacén a dos cuadras del Serpa, compartiendo el tiempo, el espacio y la vida transcurrida.

Mientras asistentes y amigos circulaban por las dos salas y el patiecito de la planta baja, por el atelier de la planta alta y por la terraza protegida por la Santa Rita y por las estrellas ocultas tras algunas nubes, hablábamos de punk rock con Matuco y de la vida nueva con el Cholo, intercambiábamos saludos y palabras con Juan Manuel, con Nico Guardiola y con varios amigos y colegas (conocidos y por conocer), y tuve el gigantesco honor de llevarme una hermosa fotografía tomada por Pichuqui Mendoza y una ilustración original del buzo Miguel realizada por el Cholo (que quedó en posesión de Lili), en el marco de la feria de obras en formato pequeño a precios accesibles que inauguró el Serpa con el objetivo de recuperar la valoración de la obra original, en el mundo de la reproducción y la internetización de la vida.

Entrada la madrugada, concluida nuestra presencia en el Serpa, nos retiramos con Lili, caminando. El cielo seguía algo nublado y el calor todavía se sentía, aunque una leve brisa lo tornaba más agradable.

En algún momento del viaje, me puse a pensar. Compartir, pensaba, sigue siendo la palabra clave. Es lo que vivo cuando voy al Serpa. Es lo que veo, lo que siento. Y ahí aparece la otra palabra. Sentir. El arte sigue pasando por el sentir, por sobre todas las cosas. Ahí hay un primer indicio de libertad.

Los serpianos persisten. El grupo, cuyo nombre es la más clara manifestación de su condición y meta, sigue los caminos sinuosos de su propio andar, sin evaluaciones de costo-beneficio, dejándose llevar.

Habiendo regresado a casa, releí las palabras con que los serpianos se introducen a sí mismos en su blog:

No somos críticos ni teóricos. No tenemos que rendir cuentas a nadie. Somos libres de ver y sostener ni más ni menos que nuestra creencia como artistas. Somos libres de dar al espectador esta visión del arte. Si el arte es libertad debe existir El Serpa.

Agradecido, por seis años de persistencia, esbocé una sonrisa como si levantara una copa de vino. Sabiendo que al escribir esta nueva crónica, estaría dando vida a una nueva etapa de caminar junto al Serpa.

6 AÑOS DE PERSISTENCIA
MUESTRA DE PINTURAS 2006-2012
Desde el viernes 13 de abril
La muestra permanecerá en exhibición durante un mes
EL SERPA espacio de arte – Pringles 1488
Palermo
Entrada libre y gratuita

El Serpa: blog y facebook
Matías Cosentino: blog
Leandro Gutiérrez: blog
Nicolás Guardiola: blog
Juan Manuel Barrientos: blog  

*Las fotos reproducidas en esta entrada fueron tomadas por Liliana Navarro Ibarra durante la noche de la inauguración.

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4 respuestas a 6 años de Persistencia. Muestra de pinturas 2006-2012 (El Serpa, abril 2012)

  1. Eiti Leda dijo:

    C’est très joli mon ami!

  2. ana-laura dijo:

    Gracias por compartir! Te relato es tan permeable y generoso…
    Es una palmadita en el hombro 🙂
    Gracias Augustus!

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