Affres. Muestra de pintura de Juan Manuel Barrientos (El Serpa, septiembre 2012)

“En mi sueño camino al revés”. El comienzo que no da comienzo al poema incluido en la muestra de acuarelas que se inauguró el viernes 7 de septiembre en El Serpa. La experiencia compartida de una vivencia que por momentos se desdibuja, como aquellos encuentros cercanos de algún tipo que me sorprendieron durante la semana y me dejaron reflexionando sobre el papel del ego y del presente. Sobre la desordenada cadencia de los pasos en falso, de los fracasos y de los aciertos moribundos.

Aquella semana, caminar al revés me había desorientado, como en un sueño, pero el viernes me sirvió de guía para contemplarme en los márgenes de las obras y de los caminos.

Llegué al Serpa, espacio de arte, alrededor de las ocho de la noche, luego de tomar un café en un boliche de la esquina de Córdoba y Lavalleja. Afuera, el cielo nublado, la humedad y el asfalto aceitoso pintaban la calurosa escena que sucedía a la lluvia diurna. Adentro, la lluvia parecía seguir, entre gotas de agua coloreada y emociones contenidas.

Saludé a mis serpianos amigos. En la galería conformada por las dos salas de planta baja estaban conversando y dando vueltas Nico Guardiola (artífice del misterio del hombre rojo), Nicolás Pichuqui Mendoza (coordinador de la muestra de fotografías de artistas del Borda que había tenido su cierre el viernes anterior), Leandro Gutiérrez (creador de la serie de óleos del buzo Miguel, próxima a ser exhibida) y quien estaba inaugurando la muestra que me había convocado aquella noche, Juan Manuel Barrientos. Con ellos estaban algunos asistentes y amigos. En la cocina, pude saludar al serpiano que faltaba, Matías Matuco Cosentino, y con él a Adrián Outeda, amigo del Serpa y voz de Satan Dealers, banda que había presentado, el mes pasado, su nuevo disco (cuyo sublime arte fue realizado íntegramente por Matuco). Me convidaron con la sangre del Señor y, copa en mano, fui junto a mi amiga Lili, habitué del Serpa y dibujante de historietas, a recorrer las salas de exhibición.

La muestra de acuarelas creadas por Juan Manuel Barrientos, titulada Affres y expuesta a lo largo de las dos salas de la planta baja del Serpa, se me presentó como una hermosa carga de sugestiones. Hojas de papel de distintos tamaños, texturas y colores, resignificadas con pinceladas, puntitos, líneas, que construían mundos por fuera de sí mismos, que convidaban a la cena que no tenía lugar en sus espacios visibles, que comunicaban lo que los protagonistas no tenían para decir, que habilitaban mil sensaciones que escapaban a los contornos de la imagen e incluso de la hoja. “Deslumbrante luz, impidiendo la visión, total o parcial, de la realidad”, tal como sugiriera el poema escrito por Dolores Yabor para la muestra. Las angustias, las ausencias y las ansias concentradas, no en la obra, sino en un punto invisible. Como en aquel espacio más allá del espacio del sueño, que no percibimos pero que está siendo soñado; como aquel universo contenido en un espejo, reflejo imposible cuando nuestro cuerpo no alcanza a atravesar el cristal y se ve limitado por el marco, cruel barrera de algo que existe más allá. Tormentos que se valen de las formas y objetos que se vuelven amorfos.

Al recorrer las salas con las acuarelas de Juan, noté figuras que reconocía de obras anteriores (personajes, paisajes), así como formas dentro de formas, composiciones que tuve ocasión de ver en proceso de creación y que, en su realización, pusieron en perspectiva mi idea de “finalización” de una obra, fragmentos de una o varias ideas deformando las paredes y contribuyendo a una armonía extraña pero, al menos para mí, cautivante. Ojos, personajes, pastos, árboles y cielos, la mayor parte de las veces formados unos a otros, pero cuyo protagonismo, el de las pinceladas fuertes o puntos delicados, el de los azules, violetas, verdes y castaños, el de la sutileza tan característica de la acuarela, era llevado a un segundo plano por el sugerente blanco de los contornos, por esa inexistente línea divisoria entre lo hecho y lo dado. Entre la obra como pincelada y la obra como misterio. Similar a los tiempos de una sinfonía, a base de notas y silencios.

Como remate de la muestra, un compacto cuaderno de tapa de tela roja descocida en los bordes, que contenía dibujos del artista, reposaba sobra una repisa para su consulta, con la advertencia de que sus páginas fueran pasadas con un par de guantes debidamente colocados, a riesgo de morir como los curiosos con afán de placer y conocimiento de El nombre de la rosa de Umberto Eco.

Entrada la noche, entre conversaciones amistosas con los serpianos y amigos, y mientras iban arribando más asistentes para presenciar la muestra, Enrique, saxofonista invitado por Juan, vestido con un simpático chaleco, camisa y corbata, interpretó un repertorio de piezas mayormente conocidas en una de las salas de la planta baja. Mientras bebía de mi copa de vino, pude deleitarme con su interpretación de “What a Wonderful World”, y sobre todo se ganó los aplausos y sonrisas de admiración y satisfacción cuando cerró su número con una improvisación inspirada en dos de las obras expuestas por Juan, dando música a aquellas formas que emulaban cuerpos humanos que contenían paisajes compuestos por pequeños puntos de acuarela. Mientras recreaba los puntos con las notas que tocaba con una mano, con la otra los dibujaba sobre el aire.

Luego de la exquisita velada visual y musical, me quedé un rato hablando con mis amigos y, finalmente, partí. Acompañé a Lili a la parada del bondi y, una vez que el bondi llegó, caminé bajo el cielo oscuro pero despierto de aquella noche (aún no madrugada) del viernes, hasta la parada del 71. Como de costumbre, no pude evitar evocar durante mi recorrido (esta vez) el recuerdo inmediato de la improvisación musical de que había sido testigo y de la belleza de una muestra de acuarelas que me había dejado entre embelesado e inquieto (como bien pude confesarle a Juan cuando lo saludé antes de salir del Serpa).

Un saxofonista que pinta sobre el aire, una escritora que canta sobre el papel, un pintor que pone letra y música sobre las paredes y que construye un pentagrama de melodías y silencios, de creación y sugestión. En definitiva, un artista que, como el campesino, sabe cuándo poner la tierra en barbecho. Y que sabe cuándo poner de cabeza lo que quizás nunca estuvo del todo al derecho.

“De esto se trata –concluye el poema–, embriagarse en el color, saturarse de imágenes que nos representan en contradicción”.

Reconocerse, en tropiezos, caminando al revés.

AFFRES
MUESTRA DE PINTURA DE JUAN MANUEL BARRIENTOS
Desde el viernes 7 de septiembre hasta el lunes 1 de octubre
EL SERPA espacio de arte – Pringles 1488
Palermo
Entrada libre y gratuita

El Serpa: blog y facebook
Juan Manuel Barrientos: blog

Las fotos reproducidas en esta entrada fueron tomadas por Nicolás Mendoza
durante la noche de la inauguración

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2 respuestas a Affres. Muestra de pintura de Juan Manuel Barrientos (El Serpa, septiembre 2012)

  1. ana-laura dijo:

    Tu puño siempre con transparencia, sensibilidad y seguridad.
    Muy lindo.
    Sa-lut.

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