Inicios. Muestra colectiva de pintura: Pamela Hoffmann, Gonzalo Linares, Jimena Varela (El Serpa, julio 2013)

Recuerdo una muestra que tuvo lugar en el Serpa en junio de 2011, cuando este querido espacio de arte estaba ubicado en el barrio de Villa Crespo. Se habían expuesto las pinturas de los alumnos con que contaba el Serpa en aquel entonces. Recuerdo haber ido a la inauguración una noche de clima templado y agradable que había sucedido a días de frío y de precipitaciones de ceniza volcánica. Y recuerdo haber experimentado una sana recarga de energía, como si la vitalidad transmitida mediante las obras se hubiera constituido en un verdadero alimento, no para el alma como diría un escritor de libros de autoayuda, sino para el cuerpo y para la inteligencia.

El concepto de aquella muestra había sido hermosamente explicitado en el texto que el grupo Persistencia (los cuatro jinetes del Serpa) había elaborado para la muestra: “Todos somos potenciales maestros y aprendices a la vez. ¿Acaso alguien se siente de un solo lado?”.

Dos años después, me encontré en la casa de vida de Pringles y Gorriti con una nueva muestra en el Serpa, titulada “Inicios” y a cargo, esta vez, de tres artistas, dos de ellos partícipes de aquella exposición de junio de 2011 (Jimena Varela y Gonzalo Linares) y la tercera, asidua colaboradora del espacio desde los tiempos de Villa Crespo (Pamela Hoffmann).

Falté a la noche de la inauguración, muy a mi pesar, pero no perdí ocasión de pegarme una vuelta por el Serpa antes de que culminara la exhibición, para compartir un trago con mis amigos serpianos y hacerme partícipe de la muestra.

Los óleos de Jimena remiten bastante notoriamente al dramatismo de las primeras obras de su gurú artístico, el serpiano Juan Manuel Barrientos, acaso con una mayor preocupación por la definición de las figuras y por cierta oxigenación (si se me permite el término) a través de la amplitud de los espacios y de la claridad de la iluminación. Como si coqueteara con los estilos más clásicos de la pintura, como cuando Renoir se abstraía de toda posible clasificación (menos por subversivo que por amante de lo que hacía, integrando al impresionismo todo aquello que del realismo o del clasicismo le interesaba), Jimena imprime a sus escenas de luminosidad una carga inconmensurable de tristeza, a sus personajes los inyecta de soledad, a sus paisajes verdes y arbolados los somete a la devastación, y a los momentos de la vida los condena a una angustiante inmovilidad, apelando en todo momento a aquellas herramientas que mejor se adaptan a la consecución del efecto deseado.

Gonzalo (mejor conocido como el Gonza), por su parte, parece jugar más con la explicitud de las pinceladas, con ese pícaro mostrarse del artista a través de las huellas deliberadas de su propio instrumento de trabajo. Este principio le da una vitalidad invaluable a su obra. Si en Jimena predomina la luminosidad, los óleos del Gonza se construyen desde lo oscuro, con jugadas composiciones en colores fuertes, como aquellas maravillosas estrellas que guían en lo profundo de la noche, o la carrera de ciclismo cuyo nombre (“Fuerza”) parece describir la sustancia de la obra, o incluso ese globo aerostático color bermellón que evoca hermosamente lo que está “ahí, ahora”.

Evitando el óleo (salvo por una de sus obras expuestas, no casualmente la única que podemos caracterizar como oscura –al menos, en una primera mirada-), Pame Hoffmann recurre al acrílico para realizar unas pinturas muy personales, acaso naif, con personajes muy característicos de grandes ojos y boca pequeña, de mirada triste o acaso inexpresiva (he aquí la oscuridad que, quizás, está presente en su obra después de todo), los contornos perfectamente definidos, las sombras ligeramente insinuadas y los colores bien diferenciados pero algo apagados. Como cierre de la muestra, además, una pequeña escultura de conejos con grandes ojos reproduce, en cierto modo, el espíritu de sus acrílicos. En suma, una obra honesta, sensible, cargada de personalidad, o como dijera una amiga, la creación de una verdadera rock star.

Charlando con amigos serpianos el día que fui a ver la muestra, mientras ellos pintaban en sus respectivos lugares de trabajo y yo aprendía observando, surgieron algunos nombres de grandes artistas de todos los tiempos. Todos ellos, aprendices y maestros a la vez. En un sector del atelier, una aprendiz del Serpa pintaba con libertad, recibiendo palabras de recomendación del serpiano Leandro London Gutiérrez, y cuando llegó el Gonza Linares, buscó un lugar para poner a punto un lienzo, mientras Juan Manuel y Nico Guardiola seguían cada uno trabajando en su respectiva obra, compartiendo mutuamente apreciaciones.

Quizás no sea casual, pienso recordando aquel momento, que la exposición haya sido definida, no como muestra de alumnos o ex alumnos, sino como “muestra colectiva de pintura”, que expresa los “inicios” de un grupo de artistas que “dan a conocer sus intrigas por primera vez”. Es que si abrazamos las palabras del escritor Émile Armand, seremos suspicaces respecto del término “educación”, y creeremos en la “iniciación”, entendida (como sintetizaba Stefano Ferrario) como “un desvelarse de la realidad, una invitación al aprendizaje, que es continuado sólo por voluntad de quien escucha”, y que implica, claro, un vínculo de reciprocidad antes que una imposición unidireccional.

Se trata, en última instancia, del “principio de una sucesión de inicios” (como reza el texto escrito para la muestra), de preguntas cuyas respuestas residen precisamente en el hecho de no ser manifestadas. Y es aquí donde no puedo dejar de remitir a esa sensación que experimenté y compartí aquel junio de 2011: que todos los que nos expresamos a través de formas artísticas, somos discípulos del arte, maestros y aprendices igualmente presos de la necesidad, acaso de la condición de humanidad.

Artistas iniciados, en permanente proceso de iniciación. Simplemente eso, el Serpa.

Mientras haya vida y humildad habrá necesidad de que la pintura sea un inicio hasta las últimas consecuencias.

INICIOS. MUESTRA COLECTIVA DE PINTURA.
PAMELA HOFFMANN, GONZALO LINARES, JIMENA VARELA
Desde el viernes 12 hasta el martes 30 de julio de 2013
EL SERPA espacio de arte – Pringles 1488
Palermo
Entrada libre y gratuita

El Serpa: blog y facebook

Las fotos reproducidas en esta entrada fueron tomadas por Nicolás Mendoza

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