Fuego. Juan Manuel Barrientos (El Serpa, agosto 2013)

¡De esta deuda, oh Agni, podré liberarme!
Taittirîya-Samhitâ III 3, 8, 1

Leyendo algunos libros y fotocopias para una materia de la facultad, me topé con ciertos pormenores de los rituales religiosos de la India antigua y, en particular, de los textos védicos que se expiden sobre ellos. De particular relevancia me pareció cierta percepción respecto de la persona como deuda para con Yama, el dios de la muerte. El hombre y la mujer como deudores por nacimiento.

Un estudioso de los textos védicos resume de un modo interesante este problema:

“El hombre es mortal en tanto deudor de Yama. Un medio simple de liberarse de la deuda sería morir. Pero existe otro: ofrecer sacrificios con ayuda de Agni, dios del fuego. El pago se extiende a la vida toda, pues no se cesa de ofrecer sacrificios” (Charles Malamoud, “La fatalidad de La Boetié y las teorías de la India antigua sobre la naturaleza de la sociedad”).

Mediante la alianza con Agni, entonces, el hombre puede ofrecer los sacrificios que le permitirán hacer frente a la deuda con Yama.

Creo –aunque puedo equivocarme– que la muestra de Juan Manuel Barrientos, titulada “Fuego” e inaugurada el viernes 2 de agosto en El Serpa, evoca algo de este sacrificio.

Llegué temprano a la casa de vida y arte de Pringles 1488, previo tomar un café con un tostado mixto en un boliche de avenida Córdoba. Me dieron la bienvenida los cuatro serpianos del Apocalipsis: Nico Guardiola, Leandro Gutiérrez, Matuco Cosentino y el artífice de la muestra, Juan Manuel Barrientos. Entre personas conocidas y no tanto que iban y venían, entraban y salían, pude conversar con el doppelgänger de Matuco, el señor Mariano Cosentino, amigo, ilustrador y miembro del taller de dibujo de Claudio Ramírez (que se reúne los sábados en el Serpa). Como es acostumbrado, las charlas con Mariano se concentraron en dos temas fundamentales: música e historieta.

Compartiendo alguna pequeña empanada, algún pincho misterioso y algún líquido para humedecer los labios, conversamos también con los serpianos, con Pame Hoffmann y el Gonza Linares (cuya muestra colectiva había precedido a la de Juan), y con Jorge Montoya (integrante del taller de pintura de Héctor Meana), quien dio una clase magistral sobre combinaciones excéntricas de bebidas y comidas regionales.

Pero el elemento articulador de aquella jornada fue la obra de Juan, el fuego del sacrificio, aquel que reúne a los miembros de la tribu y los compromete en una unidad. Óleos sobre tela y sobre madera, en distintos tamaños y formatos, explorando distintas posibilidades estéticas de modo de constituirse en un gran atentado contra la idea del estilo. En cierto modo, una condensación del pasado y del presente del creador, una retrospectiva nacida del momento presente, pero sostenida con base en la idea del recorrido, del camino. Y en todo ello, en toda figura, en toda desfigura, en los fondos que son personajes y en los personajes que son paisaje, el fuego. Llamas naciendo de cabezas, chispas en el aire, incendios y alusiones.

No sé si aquella noche, cuando me despedí y rajé a tomarme el bondi para llegar al recital de Mal Momento en el Salón Pueyrredon, asocié aquella muestra con algo más que con las ruinas circulares descritas por Borges (“Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego”) o con cierta línea en la que Hermann de Malmo anuncia el fuego avanzando por la calle.

Sí sé que me perturbó, a los pocos días, rememorar la muestra de Juan a la luz de los textos sobre India que había leído para la facultad y que me tocaba ahora repasar.

Los sacrificios con la ayuda de Agni, el dios del fuego, no son verdaderamente liberadores de la deuda con Yama, el dios de la muerte, pues –precisa Malamoud– el final del recorrido sigue siendo la muerte. Sin embargo, advierte el autor, “esta muerte no es una nadificación total, desemboca en una suerte de inmortalidad o al menos en una especie de sobrevida”.

¿Qué otra cosa es, en este punto, la obra, la creación, el fuego purificador de las paredes del Serpa, sino este continuo sacrificio que posterga la deuda con la muerte? ¿Qué es sino aquello que, si bien no conjura la muerte como destino final, asegura una especie de sobrevida o, acaso, una forma de la inmortalidad?

FUEGO
JUAN MANUEL BARRIENTOS
Desde el viernes 2 hasta el jueves 29 de agosto de 2013
EL SERPA espacio de arte – Pringles 1488
Palermo
Entrada libre y gratuita

El Serpa: blog y facebook
Juan Manuel Barrientos: blog

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